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Los problemas sociales y del medio ambiente nos conciernen a todos y a cada
uno de nosotros. Y no solo porque todo lo que es humano no debe dejarnos nunca
indiferentes, sino porque estos problemas son el resultado mismo de los complicados
vínculos que generan los fenómenos entre sí y la interdependencia
de las partes o grupos en ese proceso evolutivo y vertiginoso de globalización
que vivimos.
Estos problemas afectan a todos los países, pero
en forma desigual y diferente.
Para ciertas poblaciones hasta ponen en
peligro su existencia e hipotecan su futuro.
En el ámbito de la
salud, la demografía o la ecología, por ejemplo, son particularmente
destacables la gravedad y el carácter irreversible de ciertos daños.
Es así que
desaparecen especies y nuestro ecosistema se transforma peligrosamente...
Sin
ceder a una vision superficial y estéril, debemos denunciar todas
estas formas de egoísmos, injusticias, exacciones, imprevisiones,
enceguecimientos, y necedades...
Sin resignarse a un fatalismo
pasivo, debemos desarrollar una conciencia colectiva y planetaria: positiva,
activa, eficaz, y generosa.
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