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Dossier de Presse

BAISERS DE GUERRE

photographies : Cartes postales issues de la collection de Michel Christolhomme
Guerres
Delpire
2014



… Le plus troublant de tout est de deviner derrière ces masques, ces oripeaux, ces panneaux peints, les tranchées, la boue, les rats, les tirs, les explosions, l’horreur de la riflette avec ses soufflets à punaises et ses machines à secouer le paletot. Une boucherie que les mots griffonnés au dos de ces cartes postales n’évoquent jamais. C’est toujours « je vais bien », « ne t’inquiète pas », « ici, tout baigne » et parfois seulement « on s’emmerde ».
Gérard Mordillat


La Première Guerre mondiale a mobilisé en France plus de 8 millions de combattants (20 % de la population), fait 1,4 millions de morts (1000 par jour), 3 millions de blessés (2000 par jour)…
Pendant ces 51 mois de combats, de séparation et d’angoisse les courriers ont eu un rôle essentiel entre les soldats et leurs proches. Il s’agissait pour eux de montrer - au jour le jour - qu’ils pensaient les uns aux autres. Et, pour les combattants, de témoigner tout simplement qu’ils étaient vivants !
Les deux conditions de cette correspondance massive ont été l’alphabétisation et l’existence d’un service postal public. Pour la première fois dans l’histoire militaire, la majorité des soldats et des civils de leur âge savaient lire et écrire : ils avaient en effet bénéficié de l’enseignement primaire rendu gratuit et obligatoire quelques trente ans plus tôt par les lois de Jules Ferry. Leurs connaissances souvent élémentaires étaient suffisantes pour entretenir une correspondance basique.
Quant au service public de la Poste, il était en 1914 tel qu’il a été créé au cours du XIXème siècle avec ses principaux moyens fonctionnels et humains (mandat, lettre recommandée, carte postale, timbre, train postal, bureaux de poste et métiers de guichetier et de facteur…). 
Les cartes postales ont constitué une part importante de ces courriers parce qu’elles permettaient des échanges courts et rapides, mieux adaptés que les lettres à la situation des combattants et des civils.
Entre 1914 et 1918, ce sont plusieurs milliards de cartes qui ont été éditées. On peut les classer en deux catégories :
- des cartes documentaires dont les images sont des photos représentant les effets de la guerre (champs de bataille dévastés, ruines civiles, cimetières militaires…), auxquelles il faut ajouter quantité de portraits de généraux et de photos de groupes de soldats blessés sur les lieux de leur hospitalisation précaires,
- des cartes fantaisies – qui sont des photomontages colorisés - parmi lesquelles les baisers constituent seulement une sous-catégorie jusqu’ici négligée, alors qu’elles constituent un segment original de la cartophilie et une représentation du baiser sans équivalent dans l’histoire de l’image.
La célébration du centenaire de la Grande Guerre est l’occasion de faire connaître ces cartes postales de baisers écrites à la va-vite, par des hommes et par des femmes ne maîtrisant souvent qu’à peine l’orthographe, remplies de banalités pour rassurer leurs correspondants. Ce sont des reliques d’amours.


Michel Christolhomme


 



TENDER THOUGHTS FROM THE FRONT


… Behind these masks, this bunting, these painted façades, it is impossible to imagine the life in the trenches, the mud, the rats, the gunfire, the explosions, the horror of war with its mortars and other machines that would shake you to your bones. Butchery that the words scribbled on the back of these postcards never mentioned.  It is always “I’m OK”, “don’t be worried”, “everything’s fine here” and only rarely “we’re terribly bored”.
Gérard Mordillat

The First World War mobilised more than eight million fighters in France, (20 % of the population), of whom 1.4 million died (1000 every day), and three million were injured (2000 every day)…
During the fifty-one months of combat, separation and anxiety, these letters played an essential role linking the soldiers and their loved ones.  Those back home used them to show that they were thinking of those on the front, while for the soldiers, they were the means of showing that they were simply still alive!
The two conditions of this massive correspondence were literacy and the existence of a public postal service.  For the first time in military history, most of the soldiers and civilians of their age could read and write: in fact they had benefited from a primary education made free and mandatory thirty-odd years beforehand by the laws of Jules Ferry.  Their often elementary learning was enough to keep up a basic correspondence. 
As for the public postal service, it was in 1914 exactly as it had been when it was created during the 19th century with its principal functional and human features (mandates, registered mail, postcards, stamps, the mail train, post offices and the jobs of postman and teller...). 
Postcards made up a significant proportion of the mail because they allowed for brief and rapid exchanges, better adapted than letters to the prevailing conditions. 
Between 1914 and 1918, several billion postcards were written.  They fall into two categories:
- factual postcards with photographs representing the effects of the war (devastated battlefields, civilian ruins, military cemeteries…), along with portraits of generals or of groups of injured soldiers in ramshackle field hospitals
- « fantasy » postcards – coloured-in photomontages – made up only in part of images of kisses, surprisingly neglected by collectors despite their originality and their unequalled representation of the kiss in the history of graphic images.
The celebration of the centenary of the Great War is the moment to bring these postcards of tender thoughts to the fore, composed quickly by men and women who often could barely spell, full of banalities aimed at reassuring the addressees.  They are the relics of love.


Michel Christolhomme


 

 

 

TIERNOS RECUERDOS DE LA GUERRA

…Lo más conmovedor de todo es pensar que detrás de esos rostros, esos uniformes desgastados, esos ornamentos, las trincheras, el barro, las ratas, el fuego, las explosiones, el horror de la guerra y sus máquinas infernales  que hacían temblar la tierra. Una tal carnicería, que nunca las palabras garabateadas al dorso de las tarjetas postales jamás mencionaron. Y casi siempre era: "Estoy bien", o  "no te preocupes", "aquí, todo sigue bien" y, sólo a veces "estoy un poco aburrido.." Gerard Mordillat


51 meses de lucha, más de 8 millones de veteranos (20% de la población), 1,4 millones de muertos (1.000 por día), 3 millones de heridos (2.000 por día)...
Estas cifras bastan para entender lo que debió ser - durante toda la Gran Guerra - el miedo de los combatientes y la angustia de sus seres queridos. Y por ende la importancia de ese intercambio de cartas que formaba el vínculo esencial entre el frente y el resto de la población.
Las dos condiciones de una correspondencia masiva son la alfabetización y la existencia de un servicio público postal.
Por primera vez en la historia militar, los combatientes (de esta primera guerra de masa) sabían leer y escribir: la mayoría de los hombres movilizados y de las mujeres de estas generaciones habían recibido una educación primaria gratuita y obligatoria, gracias a las leyes de Jules Ferry. Su conocimiento era a menudo elemental e imperfecto, pero suficiente como para mantener una correspondencia básica.
En cuanto al servicio público de Correos en 1914, era tal cual como había sido organizado durante el siglo XIX y tal como se mantuvo hasta nuestros días.
El número de cartas que estos hombres y sus familias intercambiaron durante cuatro años se estimada en seis o siete millares, con un promedio de una por día por soldado y un total de casi mil cartas por individuo. A la correspondencia en sí, se agregan los paquetes (alimentación, tabaco, ropa...) que los combatientes esperaban con las mismas ansias que las cartas.
También para la institución del Correo, la Gran Guerra representa un período crítico, debido a la abundancia de correspondencia, la censura, el número de carteros movilizados y la complejidad de las situaciones en el campo de batalla.

Las tarjetas postales han representado una parte importante de esa correspondencia de guerra ya que permitían intercambios más rápidos y breves, mejor adaptados que las cartas a las condiciones de unos y otros y al hecho de que muchos de ellos tenían conocimientos limitados de la escritura.
Era para todos más que nada poder comunicar, que dar noticias en el sentido estricto de la palabra. Saber que los unos pensaban en los otros y sobre todo para los combatientes, que simplemente estaban vivos!

La tarjeta postal apareció en Francia a comienzos del decenio de 1870, propagándose rápidamente en las décadas siguientes y la fotografía desempeñó un papel esencial gracias al proceso de la fototipia permitiendo la reproducción sin tramas.
De 8 millones en 1900, pasamos a 123 millones de unidades en 1910 y la Gran Guerra dará un nuevo impulso a su producción que aumenta de manera exponencial.
Entre 1914 y 1918, serán editadas varios millones de tarjetas. Podemos hacer dos clasificaciones:
- Las tarjetas documentales donde las ilustraciones son fotografías que nunca muestran escenas de la guerra misma, sino las consecuencias, los retratos de los generales y fotos de grupo de soldados heridos en el lugar de su hospitalización precaria.
- las tarjetas fantasías patrióticas, entre las cuales los besos que son una subcategoría.
El servicio militar siendo obligatorio desde el comienzo de la Tercera República, las imágenes de soldados besándose con las jóvenes o enviándose besos, aparecen en la producción de tarjetas postales en la década de 1900. Muy a menudo decorada con versos, celebrando tanto la dulzura del amor y la fortaleza de las virtudes patrióticas, a menudo adornadas con motivos florales.

Las tarjetas postales de la Gran Guerra constituyen una verdadera negación de la realidad: tanto del horror de la vida de los soldados en el frente, como la dureza de aquella de los civiles. Negando esta realidad insoportable, las postales muestran imágenes antídotos.
Las mujeres: son modelos de catálogos baratos en vestidos ligeros, de tul o gasa, en colores claros, escotados, manga corta, el cabello cuidadosamente pasado al rizador Marcel.
Los hombres: modelos de catálogos militares. Los "peludos" (equivale a “valientes” en argot francés) en uniforme azul horizonte, el casco Adrian sobre la cabeza o en la mano.
Igual que en el período anterior, la mayoría de las tarjetas postales de la Gran Guerra están decoradas con pequeños versos de una mediocridad preocupante.
Abundan los signos de exclamación y las rimas son convencionales: dulzura con ternura, corazón con desazón, felicidad con amistad, amor con dolor, sueño con empeño, presencia con ausencia, rosa con hermosa...
Mucho más que todas estas tonterías, nos importa lo que está escrito en el reverso de estas postales de besos con faltas gramaticales, ortográficas y palabras repetidas sin cesar: banalidades sin interés dichas para tranquilizar o mentiras piadosas puntuadas de besos verdaderos, con cariño, grandes, enormes, inmensos, miles y millones...
Uno puede por supuesto considerarlas como lo que son: simples tarjetas postales de mal gusto y de mala calidad, que si existen todavía es solo gracias al azar.
Pero ellas son también reliquias de amor y de lágrimas.

Michel Christolhomme